APORTE DEL PROFESOR OSCAR MELO (HISTORIA) SOBRE CHINA ZORRILLA.

AQUÍ ESCRIBIMOS DOCENTES Y ALUMN@S.

TESTIMONIOS ACERCA DE CHINA ZORRILLA



Hay mucho ríos de tintas, y algunos muy buenos, que se dedican a a la biografía de Concepción Matilde, y se los puede googlear a piacere.

   No se si la mayoría de los uruguayos, pero yo conocí las cualidades de China zorrilla en una película de 1985, ESPERANDO LA CARROZA,

donde ella y Antonio Gasalla son descollantes( esa es mi opinión personal).

Cuando mis colegas me invtaron a participar en el blog y el desafío por el día del patrimonio es esta artista uruguaya, uno piensa que hacer porque está todo dicho, o por lo menos es lo que creo humildemente.

 Con ese criterio, decidí acercar a los lectores, testimonios de personas que tuvieron ese contacto directo con la persona para dar un testimonio con autoridad.

  En primer lugar comparto entrevistas publicadas en Brecha  en marzo de este año a  Osvaldo Reynoso y Carlos Perciavalle, y luego justamente de éste último nombrado una anécdota que muestra todo el humanismo de China Zorrila.

 También les dejó un link del Diario argentino La Nación que editó una biografía muy completa desde mi percepción, y el segundo link es para leer, disfrutar y reflexionar sobre el lado humano de la China, porque tenemos que aprender o comenzar a darnos cuenta que detrás de una profesión u oficio, hay un ser humano

Humildemente, espero que lo disfruten.

Profesor Oscar Melo


No hay que llorar
18 marzo, 2022
Le dije que precisaba que me preste 20 mil dólares.
Pero ella me dijo que no los tenía.
Perciavalle relató lo que siguió: “Ella abrió la cartera y le dio los 37 mil dólares.
“A todos se nos caían las lágrimas porque ella estaba tan contenta… Seguro que al minuto se lo prestó a otra persona”, concluyó Perciavalle sobre esta increíble historia de generosidad que hoy vale la pena rememorar para homenajear a esta gran artista.

EL LADO HUMANO DE LA CHINA.

 


Juan Manuel Chaves

 

OSVALDO REYNO / ESCENÓGRAFO

Trabajé con ella en El tobogán, de Jacobo Langsner, pero fundamentalmente tuve mucho contacto con ella a través de su hermana Guma, con la que trabajaba siempre, yo haciendo la escenografía y ella con el vestuario. También la veía mucho en Buenos Aires cuando trabajaba con Carlos Perciavalle, de quien ella era muy amiga. En esa época China ya era una gran figura, un símbolo del espectáculo. Y lo que pasaba era que cuando estrenábamos algo en el Circular –tengo un recuerdo que no sé bien si es de cuando hicimos El herrero y la muerte o Lorenzaccio– venían los actores y me decían: «Osvaldo, ¿hablaste con Guma para que le diga a China que no venga al estreno?». Y es que en el Circular se ven las caras de los espectadores y si ella iba al estreno, la gente la miraba más a ella que lo que veía la obra. Era una figura tan atractiva que lo distorsionaba todo. Después ella ya nos decía: «Mirá que voy al estreno del Circular». Y nosotros: «No, China, o venís a un ensayo o vení después del estreno».

Hay muchas anécdotas que la pintan de cuerpo entero, pero en lo profesional hay que recalcar que su vida era el teatro, se dedicaba completamente a eso, de la mañana a la noche. Nos decía: «¿Pero ustedes se van a su casa a dormir? ¡Hay que hacer teatro!». Así, se pasaba corriendo de un lado para el otro. Un día yo estaba esperando que terminara la obra que hacía China con Taco, porque después empezaba el ensayo de El enemigo del pueblo. Yo estaba tras bambalinas, al lado del telonero. Cuando terminó la obra la gente aplaudió a rabiar. Entonces, el telón bajaba y volvía a subir para que los actores siguieran saludando. De pronto se escucha un pedido desesperado de China: «¡Osvaldo, decile al telonero que pare de subir el telón!». Y es que perdía el avión para volver a Buenos Aires, así que agarró la cartera y se fue corriendo. El último saludo lo hizo Taco solo.

Después está lo humano, su ilimitada generosidad. China ayudó económicamente a todos los uruguayos que fueron a trabajar a Argentina, pero su solidaridad se extendía mucho más allá, y a veces llegaba a extremos insólitos. Era muy inconsciente con el dinero. Es famosa la anécdota del taximetrista con el que se puso a conversar y este le dijo que tenía un problema muy grande, porque no podía pagar la hipoteca de su apartamento. China, que acababa de cobrar mucho dinero y lo tenía en la cartera, no dudó en dárselo al hombre. Eran 37 mil dólares. Cuando lo contó todos le dijeron que estaba loca, que le habían hecho el cuento del tío. Ocho años más tarde, en el cumpleaños de China, alguien tocó el timbre y era aquel taxista que venía a devolver el generoso préstamo.

En cuanto a su carrera de actriz, ella tuvo la singularidad de hacer algo completamente distinto a lo que hacíamos los uruguayos. Para nosotros la creatividad estaba unida a la seriedad. China podía usar las mismas palabras, pero lo que cambiaba era el tono: mucho más liviano, mucho más directo para el público y casi siempre risueño. Era como si la vida fuera otra cosa, menos grave. Y cambió la historia del teatro a través del tono. Yo creo que por eso triunfó como lo hizo en Argentina. ¿Por qué tiene que ser la vida tan dramática?

CARLOS PERCIAVALLE / ACTOR

China es una diosa, es una reina. Esto, en general, uno lo dice exagerando. Sin embargo, cuando se trata de China, era realmente como una diosa, como una reina. Y para mí lo sigue siendo. Cada vez que hablo de China pienso: «Ahora cuando cuelgue la voy a llamar para comentarle las cosas que he contado», porque la siento tan viva al lado mío, que es imposible creer que ya no existe más. Mientras yo viva, ella estará presente en mi corazón.

La suya fue una vida fuera de lo común y bien que me dijo a mí y a Solita: «Por favor, no me lloren porque yo tuve una vida maravillosa», y es verdad. Trabajar con China ha sido lo mejor que me ha pasado: una actriz notable, una directora estupenda y una mujer con un sentido del humor, del amor, del timing, del respeto por el público, una mujer de una bondad y una generosidad inigualables. Cuando la gente piensa en China y en mí, cree que era una relación de madre e hijo, y yo explico que, a pesar de que yo era 19 años menor que China, la consideraba una hija y me veía en situación de cuidarla, porque era tan buena, tan generosa, tan sin vueltas, tan inmediata en la réplica ante alguien necesitado, que muchas veces corría el riesgo de que abusaran de su generosidad. De más está decir que a ella no le importaba. No he conocido a nadie en el mundo con ese desprendimiento ante los necesitados. En Navidad, si por estar filmando algo no podía viajar a Montevideo, luego de ir a una fiesta en lo de Amalita Fortabat, a otra en lo de Tita Tamames, a otra en lo de Bernardo Neustadt, iba al Hospital de Niños, bajaba un arbolito y millones de paquetes con regalos. Allí conversaba con todos y lo pasaba mejor que en las fiestas paquetas en las que también brillaba por su humor, su inteligencia y su bonhomía. Yo no conozco a nadie que haya tenido esa amplitud y esa grandeza de corazón. Así que todos los homenajes, todo lo que se diga de ella es poco.

Yo ya tengo 80 años, pero aquellos que la conocieron y tienen 50 o 40 tienen que hablar con sus hijos y decirles que existió una reina, una diosa.

Ella siempre contaba que el mejor actor que había conocido era un español llamado Pedro López Lagar, al que cuando le preguntaban cómo hacía un personaje decía: «Me pongo la gorra y salgo». Y China era así. Ella podía llegar un minuto antes de que se levantara el telón y cuando subía al escenario inmediatamente estaba en el personaje, como si hubiera estado meditando cuatro horas. Era un don maravilloso, nada la distraía. ¡Y era tan detallista! Por ejemplo, en el final de El diario privado de Adán y Eva, que era triste porque Eva muere. China tenía la capacidad necesaria para ir pasando por todas las edades. Al final, cuando moría, yo, barriendo el escenario, decía: «Eva se murió ayer, yo sabía que un día iba a morirse. Y ella siempre le pedía a Dios ser la primera de los dos en irse. Y ahora que Eva no está, comprendo algo que no comprendí antes. Me pareció tan horrible que nos echaran del Paraíso. Ahora sé que eso no tiene ninguna importancia. Porque donde fuera que estuviera Eva, ahí estaba el Paraíso». Yo, haciendo ese monólogo, no podía evitar que se me cayeran las lágrimas. Y China me decía: «Yo no quiero que llores, Carlitos. Es mucho más eficaz aguantar las lágrimas que ponerse a llorar. Acordate de lo que te digo: aguantá el llanto». Y cuando lograba hacerlo como ella me aconsejaba, me hacía notar cuán diferentes habían sido los aplausos.

 

 

En una entrevista íntima con Telenueve, el actor y humorista relató con detalles una anécdota de la actriz cuando le prestó ¡37 mil dólares! a un taxista que no conocía.

“Entonces abrió la cartera y me mostró que le quedaban 3 mil nada más. Yo le pregunté qué había hecho con los otros 37 y me contestó: ‘se los presté al taxista’”.

China había cobrado plata por un juicio de un choque y luego se tomó un taxi para encontrarse con Perciavalle.

Según contó él, recibió un llamado mientras esperaba a su amiga para advertirle que ella iba con mucha plata en un taxi y que había que intentar sacarle al menos la mitad del dinero, antes de que se lo preste a alguien.

“Vos sabés como es China con la plata”, le habían advertido al actor. Pero fue tarde.

“Cuando bajó del taxi le dije que necesitaba plata porque mi hermano tenía un problema impresionante.

 

Yo le decía que cómo no los tenía si le acababan de dar 40 mil.

Entonces abrió la cartera y me mostró que le quedaban 3 mil nada más. Yo le pregunté qué había hecho con los otros 37 y me contestó: ‘se los presté al taxista’”.

China contó que el hombre la había elogiado por su trabajo y que, cuando ella le había preguntado cómo andaba él, la respuesta había sido por demás negativa: tenía hipotecada la casa y se la iban a rematar porque no tenía los 37 mil dólares.

Le dijo: ‘usted me los devuelve cuando pueda, no se preocupe’”.

La anécdota terminó de la mejor manera, ocho años después.

Según contó Perciavalle un día estaban jugando a la canasta en la casa de su amiga China y sonó el timbre.

“Estábamos jugando a la mañana y viene la mucama uruguaya y le dice que la buscaban.

China fue y cuando volvió la veo contando 35, 36, 37…

Y dijo: ‘miren, ¿se acuerdan aquel taxista que yo le presté 37 mil dólares? Me los vino a devolver y no lo hizo antes porque había tardado todos estos años en juntarlos.

Por uno solo que te devuelva lo que le has prestado vale la pena la cantidad de personas que no me han devuelto‘”.

 

 

 

 

 

"Cada vez que llego a un lugar tengo que explicar mi apodo, porque 'chinas' son las mujeres morochas con los ojos achinados y yo soy una gorda, rubia. El tema es que en el Uruguay a las Concepción se les dice 'Cochonas'. Cuando éramos chicas y vivíamos en París por el trabajo de mi papá, teníamos muy incorporado el francés a nuestras vidas y entonces me decían 'Cochone', que quiere decir 'cerda'. Yo vivía con un ataque de histeria porque sentía que todos se reían de mí. Y un día dije la frase fatal: ‘Preferiría que me llamen Cochina’ y después se acortó el apodo y ahí quedó China", relató alguna vez, con esa gracia que era su sello personal.

 

https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/china-zorrilla-actriz-mil-vidas-conquisto-dos-nid2450115/

 

 

https://www.elreporte.com.uy/querida-china/


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